(Horas antes, tres pisos más abajo)
En la planta baja la tarde acontecía liviana. El misterio de la esponja y la bolsa de dormir decidieron irrumpir la escena, mientras el velador alado se encaprichaba en seguir apagado.
Un duende alguna idea pensó,
Otro duende un recuerdo contó
y Que sé yo,
dio dos pasos y se cansó.
La inercia flotaba cómo única constante y el día insistía en tornarse polónico.
Todo lo demás, tres pisos más arriba, nos encontró.
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