Una semilla necesita de tres voluntades:
La de la tierra, para contenerla.
La del agua, para nutrirla.
La del viento, que esparce vida.
Dadas las voluntades externas todas, no toda semilla llega a destino.
Razón por la cual sospecho, de una cuarta voluntad no externa, sino intrínseca: la del Fuego.
Voluntad que necesita toda semilla para dejar de ser ella y convertirse en flor.
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