Lo besa y lo suelta, ocultamente, sin percepción suya ni tuya, pero al fin lo besa. Sólo por escapar, ni más ni menos que por tu espera y ausencia, a El lo besa. No con sus labios, sino con la piel.
El cuerpo en la Lengua,
la Lengua en el cuerpo,
Besa la Lengua con el cuerpo que no besa por tu ausencia,
besa con palabras.
Lo observa con tu silencio y su parecer, que es tan igual o tan distinto que no sabe quién es quién, pero besa.
Besa la ilusión que encarna su cuerpo.
cuerpo que no hace más que inventar
modos absurdos de besarte.
Silenciosamente va inventando el amor, que a ella le recuerda a El, no ese, sino otro. Y late su mirada desde el rabillo del ojo izquierdo, mirada de sol, que abarca la ciudad toda. Sin embargo decide no amarlo con tu amor. Sus ojos piden perdón por no poder besar. Y si besan, también piden perdón, por besar desde el exilio.
Porque fue besada en el exilio, no lo besa.
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