viernes, 14 de agosto de 2009
Ningún hombre es una isla III. Vendedor de sonrisas
Pasan manos en los bolsillos, miradas al suelo, esperas en las esquinas. De este lado, preguntas qué escribo. La escritura se detiene, porque encuentra una nueva excusa. Te descubre, regalando sonrisas para ganar tus propinas. Entonces ahora mis monedas son letras. Dejo que la mano llene la hoja de palabras porque tu sonreír las merecen, Sonrisa de dulce señor. Te dejo el abecedario entero, pero te debo la combinación.
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